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“Para curiosos”

Abraham Maslow, psicólogo humanista estadounidense, dijo “A los niños no hace falta enseñarles a ser curiosos” Y ese enfoque, es el que estamos perdiendo.

Al crecer asimile bien las diferencias de opinión e ideas, volviéndome muy tolerante y respetando todo lo que podía escuchar o entender, sin necesariamente compartir la moción; no fue por agradar, ni con el fin nato de la buena convivencia, la “tolerancia” nació en mí únicamente por mi fuerte “curiosidad”, siempre queriendo aprender y entender cosas tanto cotidianas, como extrañas. Gracias a esto y a la práctica constante de la investigación y experimentación, logre tener un mundo interior, intelectual – creativo, amplio que siempre esta en la necesidad de seguir expandiéndose, por la consciencia de entender, “que lo que ya sé, no es suficiente”, y con esto traigo la palabra “modestia”, cualidad que creo esencial en el tema. De hecho, la relación de términos sería así: curiosidad por lo desconocido, humildad o modestia por mi ignorancia, y tolerancia para aprender lo que pueda de otros. 

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Aun así, actualmente he convivido con varias personas que no sienten curiosidad por casi nada, y al parecer no les es necesario. Tan habituados a sus mundos y tan cómodos en ellos, que simplemente no desean nada más. Esto me llama profundamente la atención y pienso que podría ser una problemática social importante.

Esta dificultad, “la privación autónoma de tu visión, limita tu desarrollo personal”, y nuestras sociedades son construidas mediante nuestro crecimiento individual, quizás podríamos avanzar a una evolución colectiva de manera más empoderada o acertada; seguramente el avance en todas las ramas como: ciencias, tecnologías, educación y salud, por ejemplo, serían enriquecidas considerablemente, solo por la decisión individual de ver más allá, de expandir fronteras.

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Este fenómeno, lo he visto junto a mi madre. Profesora de educación básica en un colegio de niños en riesgo social. Al contarme sus peores días en el aula, acude a la palabra, desinterés constantemente, como si los niños de cierta edad ya no considerarán nada como algo digno de ser aprendido.

Conversando el tema me dice que podría fundamentar esta falta de curiosidad, en el desarrollo temprano de los niños inmersos en entornos carentes de riqueza espiritual, insuficientes de valores, creencias, sentido de trascendencia y aspiraciones, lo cual concuerda.

Sabemos que la curiosidad es intrínseca en ellos, pero si cuartamos sus herramientas para crecer espiritualmente, estos la irán supliendo buscando el sentido de pertenencia en cosas más simples,en elementos tangibles y comodidades absurdas. Debido a esto, es evidente que sus aspiraciones se vuelven limitadas, literalmente por el deseo de “tener más” en vez de querer “ser más”, formando adultos condicionados, finitos, cuando podrían ser los Einstein de nuestra época.

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Teniendo una infinidad de temas para ser curiosos, como la psicología del humano, las conductas sociales, un sinnúmero de artes, religiones, investigaciones científicas, la vida en sí, nos permitimos ya adultos, seguir perdiendo nuestra capacidad de asombro y curiosidad. Tenemos el deber primero de despertarnos para expandir nuestros limites, convirtiéndonos en seres más respetuosos y tolerantes, para conscientemete formar niños que sientan curiosidad por la vida y sus fortalezas, infantes que entiendan de respeto, y sean tolerante ante las diferencias de visión u opinión, individuos que crean en las posibilidades, originando el deseo propio de ser mejores, de optar a más opciones, de salir de lo usual, de evolucionar nuestra sociedad. Esta es la forma más sencilla de progresar.

Encontré una frase que de alguna manera refleja lo que pienso, es de Humphry Davy, químico británico y fue dicho entre 1790 y 1820 aprox.

“Nada es tan fatal para el progreso de la mente humana, como suponer que nuestros puntos de vista sobre la ciencia son lo último, que no hay misterio en la naturaleza, que nuestros triunfos son completos, y que no hay nuevos mundos que conquistar”

Qué piensan ustedes, ¿qué cosas hacen como personas curiosas? y ¿cómo se podría fomentar la curiosidad en el resto?

Saludos!

Rayo Pizarro A.

Todas íbamos a ser reinas

Todas íbamos a ser reínas, de cuatro reinos sobre el mar: Rosalía con Efigenia, y Lucila con Soledad.

En el valle del Elqui, ceñido de cien montañas o de más, que como ofrendas o tributos, arden en rojo y azafrán. Lo decíamos embriagadas, y lo tuvimos por verdad, que seríamos todas reinas y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años, y batas claras de percal, persiguiendo tordos huidos en la sombra del higueral. De los cuatro reinos, decíamos, indudables como el Korán, que por grandes y por cabales alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían, por el tiempo de desposar, y eran reyes y cantadores como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos, ellos tendrían, sin faltar, mares verdes, mares de algas, y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos, árbol de leche, árbol de pan, el guayacán no cortaríamos ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas, y de verídico reinar; pero ninguna ha sido reina ni en Arauco ni en Copán.

Rosalía besó marino ya desposado en el mar, y al besador, en las Guaitecas, se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos y su sangre dejó en su pan, y sus ojos quedaron negros de no haber visto nunca el mar. En las viñas de Montegrande, con su puro seno candeal, mece los hijos de otras reinas y los suyos no mecerá.

Efigenia cruzó extranjero en las rutas, y sin hablar, le siguió, sin saberle nombre, porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río, a montaña y cañaveral, en las lunas de la locura recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos y en los salares su reinar, en los ríos ha visto esposos y su manto en la tempestad.

Pero en el Valle de Elqui, donde son cien montañas o son más, cantan las otras que vinieron y las que vienen cantarán:

<<En la tierra seremos reinas, y de verídico reinar, y siendo grandes nuestros reinos, llegaremos todas al mar>>

Gabriela Mistral.

 

El encuentro

Hace ya un año y algo, paso en mi vida algo excepcional, logro ponerme en un estado de fantasía y rosas.

No soy de las personas que espera las cosas sentada y realmente tengo suerte para encontrar lo que necesito, pero en el tema amoroso no mucho.

Sí, encontraba lo que buscaba, los prototipos de hombre que quería o pensaba necesitar. Ya había decidido que buscaría sin cansancio esa persona para mí, alguien que atestiguara mis días y cuidara mi sombra, al mismo tiempo, y de la misma manera que yo haría por él; y terca como suelo serlo, lo hice. Busque y busque, pasando por las situaciones más incomodas y divertidas al mismo tiempo, claro que en ese entonces eran para morirme, pero ahora son irrisorias. Agotada del intento y el error, pasaban los años y fui creando en mi mente una vida sola, viajes, maternidad, todo sin la figura masculina que deseaba pero no encontraba.

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You are the…

Aveces yo me enganchaba más que ellos, otras ellos más de mí. Pero abandonaba el intento al ver que no funcionaría aunque me forzara a ello. Simplemente me decía, “no somos el uno para el otro” y seguía mi camino, un poco decepcionada y desganada.

Hasta que por cosas de la vida una tarde acepte salir con un hombre que definitivamente no era lo que yo esperaba.

Nos enamoramos rápidamente, comenzamos a ser novios o pololos a la cuarta cita y en dos meses nos fuimos a vivir juntos!!

Antes de él siempre pensé que el mayor dolor de las personas era el sentimiento de estar solos, ese sentimiento que tenemos cuando nos vamos de la casa de nuestros padres por nuestra cuenta o cuando terminamos una relación que en algún momento era planeada para la vida eterna. Ese pensamiento de “nacemos solos y moriremos solos”, que se ve reflejado sobretodo cuando caminamos en la calle todos ensimismados y a la defensiva.  Bueno, ese sentimiento que creía intrínseco desapareció cuando comenzamos a estar juntos, y esa fue definitivamente una señal.

El final de la historia es incierto aún, podría ser en 20 años más, en 3 días más, mañana o nunca, ustedes serían los primeros en saber.

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Pero a lo que quiero llegar con esto es que si no me hubiera arriesgado como lo hacia, jamás lo hubiera llegado a conocer, o quizás hubiera escapado como en tiempos anteriores.

Las personas pensamos mucho más allá de lo que aveces nos sirve, conozco a muchos que se preocupan tanto por no ser dañados que no dejan a nadie entrar. Pero la vida tiene altos y bajos y si te dañan no será la primera ni la última vez, hay que avanzar. Después de todo antes de la caída, ese nuevo encuentro es lo mejor mientras dura.

Las relaciones no son fáciles, pero si valen la pena al 100 %. Mi relación hace salir lo mejor de mí, junto a miedos que nunca tuve antes, pero quizás sea la parte vertiginosa que necesitaba desde hace mucho.

“Si la primera vuelta no funciono, en la segunda probablemente reirás igual o más que en la primera” sigue avanzando, nunca te rindas.

Rayo Pizarro A.