prejuicio

La vergüenza más torpe y valida.

¿Cuán profundamente molesto, tienes que estar contigo mismo para conscientemente sacarte de ese estado?

Cada cierto tiempo todos vivimos un agobio de sensaciones y emociones negativas, estas son un cúmulo de trabajo, estrés y frustración. Generalmente enfocamos esta rabia o impotencia en uno o dos culpables, “contra todo el resto”, jefes, parejas, empresas, gobierno o “contra ti mismo”, las decisiones que tomamos nos llevan a donde estamos actualmente, y si bien, hacerse cargo de nuestras elecciones no es fácil, es nuestro deber si deseamos vivir a gusto.

Llegar al punto de pensar negativamente sobre uno mismo o sobre todos los demás, no es una buena emoción para andar cargando día a día, pero quizás es la forma que tiene nuestro cerebro, cuerpo y por qué no, alma, para pedirnos un cambio; independiente a que en un estado así, las salidas son difíciles de encontrar.

Algo así me paso, note que el problema era mío una tarde que sola, continuaba frustrada y enfadada tratando de soportarme a mí misma. Cuando ya no quise seguir echando a perder mi día, hice lo primero que vino a mi mente.

Me fui a mi desierto living, puse música y escuché solo canciones que me hicieran recordar los tiempos en donde los problemas eran detalles del día, el estrés no existía, y mi cuerpo rendía al 1000%, días como mis primeros años de universidad.

swaraj-tiwari-139325

Con las luces apagadas, abrí las cortinas para ver el paisaje nocturno de la ciudad, un poco tímida comencé a seguir el ritmo de esas canciones que para nada son parecidas a los hits actuales, pero aun así son canciones que me hacían sentir eufórica en las fiestas o en las casas de amigas que disfrutaban de lo mismo.

Cuando los recuerdos de buenos momentos comenzaron a brotar, no podía parar de reírme y me fui soltando al ritmo de las cantantes extravagantes que me siguen gustando como si tuviera 15 años, entre mis pasos de baile, vi que unos rayos de luz calcaban mi silueta como sombra en las paredes, lo que me llevo a reventar en mil pedazos y me volví loca, comencé a saltar, reír, gire, expandí mis brazos hasta el infinito y seguí así por al menos unas tres horas, danzando con mi sombra, jugando con ella, tarareando las canciones, imitando a las artistas, reencontrándome con mí yo de 8 años atrás y podría decir que encantándome con la niña, adolescente y adulta que hace tiempo no tenia la oportunidad de ver. Me sentí tierna, poderosa, bella, feliz y un poco loca. En un par de horas pienso que regresé a mi esencia, a ser feliz por qué sí, a vivir momentos inolvidables y posiblemente entre todo ese sudor de noche de verano y risas, pude dejar ir problemas y malos sentimientos que me pesaban horas antes.

No crean que el inicio fue fácil, extrañamente estaba avergonzada de estar bailando sola en la oscuridad, aunque mi cerebro me preguntaba ¿por qué la vergüenza, si nadie te mira? no sabía de donde nacía ese morbo por hacer cosas que quizás por mi edad, o por mi perfil de adulta o empleada dependiente, o no sé, mujer y no niña, no puedo hacer. Así note las limitaciones que uno se va sumando en la vida; “los miedos a dañar tu imagen”, porque la imagen importa sobretodo hoy en día, el perfil que uno enseña, determina el respeto de otros hacia ti, su nivel de confianza contigo, o si quieren pertenecer o no a tu círculo. Tanta presión en ese aspecto nos vuelve herméticos, poco reales quizás, o acostumbrados a hacer lo socialmente aceptable. De ahí nacía mi vergüenza, si alguien me hubiera descubierto hubiera sido “juzgada”, por loca, rara, desubicada, o lo que encontraran pertinente.

Puede ser que sea tema personal lo de cuidar mi imagen, puede que el resto del mundo no se preocupe. Pero tenemos demasiadas referencias en los distintos medios de como debemos ser o comportarnos, lo fuerte es que llegan a ser tan imperativos que hasta yo misma me juzgue estando sola. ¿No les parece impresionante?

Solo me queda decir, que fue un momento muy íntimo conmigo misma, muy gratificante y ejemplificador. Si bien seguiré cuidando mi imagen en el trabajo y en familia, me daré nuevos momentos recreativos para que mi espíritu ande más feliz por la calle y se sienta más libre de hacer cosas diferentes solo porque sí.

Finalmente, sé que quizás no para todo el mundo sea indispensable bailar solos música de los 80 o canciones favoritas extraídas de dibujos animados, pero con las luces apagadas y las cortinas abiertas como enfrentando el mundo sin que el mismo los note, ¿lo podrían hacer? o ¿ya lo hace? Y si es así ¿cuáles serían esas  estrafalarias canciones? o ¿se han limitado alguna vez solo para cuidar su imagen?

Yo les dejo una de las mías, para que se rían e imaginen a alguien contorsionándose en la oscuridad 😊

Sí es Grimes, no juzguen jajaja

Saludos!

Rayo Pizarro A.

Prejuicios… algo inmoral pero muy útil x.x

106H (1)

Soy muy buena prejuzgando a las personas y es un ejercicio que hago constantemente. Personalmente me gusta llamar a esta práctica “generar perfiles” en donde categorizas aspectos distintos de la gente, y formas conjeturas de su manera de ver el mundo y sus probables modos de actuar mediante el análisis de sus personalidades y conductas, me concede un nivel de entendimiento en el “por qué”, de muchos aspectos sociales y humanos. Esta forma de prejuicio es solo un acercamiento a la persona analizada, evidentemente, para conocer más hay que indagar aún más con otros tipos de técnicas, pero gracias a que he generado un perfil previo del sujeto, he podido llegar a él de una forma sencilla, evitando roces, predisposiciones negativas o rechazos; Así, he conseguido conocer realidades distintas, vivencias lejanas y extraordinarias, pensamientos diferentes, aprendiendo a ser más tolerante y mucho más empática.

Pero como humano que soy, también he caído en el prejuicio irracional que es el más habitual entre nosotros. Ideando pensamientos incorrectos y muchas veces inmorales. Esos que te hacen cruzar la calle o afirmar tu cartera sin reales razones. Este es el mismo prejuicio que lleva a la discriminación de distintos aspectos como: raza, sexo, religión, partido político, entre muchos más. Todos sabemos que hacer prejuicios es un aspecto repudiado socialmente, por su falta de argumentos y su indecoro, por así decirlo, pero yo diría que es imposible de no generar.

La verdad es que los prejuicios son una manera consciente de la autopreservación al enfrentar una posible situación hostil; pero también nos brinda la capacidad de manejar situaciones en donde nunca hemos estado antes, enfrentar a personas con las que jamás hemos tenido la posibilidad de interactuar, todo debido a nuestra capacidad de análisis racional, quien nos permite salir bien de estos acontecimientos adaptativos.

La principal diferencia para generar buenos prejuicios esta en saber de dónde nace tu prejuicio, ¿se formó desde tus emociones o desde tu razón?

Cuando se forma desde tus emociones, como el miedo, o desconfianza, es en donde nuestra perspectiva del sujeto falla al igual que nuestra moralidad al observar la situación o al personaje. Cuando se utiliza”la razón” por otro lado, es posible que acertemos a la visión que tenemos sin limitarnos a conocer más, así logramos expandir nuestros horizontes marcando un sendero fiable y cómodo para todos.

photo-1459631836437-1c2824882e3f

Recordemos que la “razón” es lo que empleamos sobre nuestras emociones, para controlarnos y limitarnos, logrando funcionar en sociedad. Si todos camináramos por la vida expresando todas nuestras emociones, no se podría vivir en paz y efectuar una libertad sana como la que tenemos hoy. Las normas sociales están formadas bajo la razón.

Por otra parte ¿se han dado cuenta de que generalmente, tendemos a sacarnos del montón? esto es “instinto de preservación” cuando los prejuicios nos hacen dividirnos entre nosotros y el resto. Por ejemplo en orden de prioridad esta: “mi vida”, la de mi familia, la de mis amigos, la de mis conocidos y finalmente el resto, por lo que es claro a quien elegiría sacar del país en un posible enfrentamiento armado. Eso son instintos independientes a la razón, como individuo trataré de prevalecer sobre los derechos de los demás, a pesar de que mi moral y razón digan lo contrario.

Adam Smith dice:

“Si nuestros sentimientos pasivos, son casi siempre tan sórdidos y egoístas, ¿cómo es que nuestros principios activos a menudo deberían ser tan generosos y nobles?

Existe la razón, los principios, la conciencia. Que nos dice con una voz capas de asombrar a la más presuntuosa de nuestras pasiones, que no somos más que uno en la multitud, en nada mejores, que cualquier persona de la misma.”

Como seres racionales nosotros sabemos que debemos limitarnos.

Deberíamos acercarnos a alguien distinto y hacer que nuestra simpatía llegue a esta persona, logrando conocerse de manera grata. De esta forma, tú romperías con el prejuicio de su grupo a través de él, y él con el prejuicio en tu círculo por medio de ti. Siempre las experiencias positivas pueden aminorar los impactos negativos.

Finalmente, díganme la verdad ¿cuáles son tus prejuicios más habituales? ¿los racionales o los emocionales?

Saludos!

Rayo Pizarro A.