anécdota

Anécdota del reencuentro <3

Camino a casa montada en mi bicicleta, venía mirando el paisaje mientras mantenía mi distancia con los autos que pasaban cerca, como venía a una velocidad moderada, ya que justamente en ese sector no hay ciclovía, pude ver que tras de un taxi que pasó rápidamente por mi costado, iba un perro corriendo a su máxima velocidad, primero pensé que era de esos perros que les gusta ladrar a los autos; pero gracias a un semáforo que estaba cerca, vi que este perrito esquivaba a todos los otros autos, sin perder de vista al taxi. Esto captó mi atención y la verdad es que apure el pedaleo para ver cuál era el asunto ¡del perrito! para la suerte mía, el taxi paró una cuadra más adelante y del bajo un caballero de unos 50 años al que el perro recibió tirándose encima y lamiéndole las manos, supe que todo estaba bien porque el perro no dejaba de menear la cola, y moverse como lo hacen los perritos felices.

Mi pregunta era ¿qué relación tenían? Quizás, el perro pensó que su dueño estaba siendo secuestrado por el taxi y lo fue a rescatar; o quizás esta persona acarició a este perro en la calle y el perrito se enamoró y decidió que no lo quería dejar ir; en fin, lo bueno es que el hombre se dio cuenta de que el perrito no iba a dejar de seguir el auto y decidió bajar y caminar con él. Cuando pase cerca de ellos me hizo sonreír lo feliz que estaba el perro y lo comprensivo que fue ese hombre, parecía un final feliz y eso me alegró todo el camino a casa jajaja. 😀 😀 😀

Creo que sentí ternura… Hace tiempo no veía ese tipo de calidez en la calle. ¿Has visto algo en la calle que te haya hecho sonreír tiernamente?

Rayo Pizarro A.

Simple anécdota de una ansiosa

Ayer sentí ansiedad, tiendo a pensar que las mujeres la vivimos de manera más intensa que los hombres. Me refiero a esa ansiedad que te pide comer mucho y rápido, o esa que te hace ir y comprar un montón de ropa sin pensar mucho en el dinero que te faltará a fin de mes.
Aquella que simplemente te pide comprar o comer harto de varias cosas o de una sola, la misma en donde tu lógica deja de funcionar por unos minutos.

Pero teniendo muy cociente de que mi pesar era mi ansiedad, me dije -Rayo, ropa no la necesitas, así que ni siquiera entremos a mirar nada; comida, siendo la alegría de la vida podría ser, pero mi gula pecadora me haría comer hasta sentirme mal, tampoco es una opción.

Así que me dedique a caminar por el centro de las necesidades imaginarias, el “Mall”. Esperando a que la tentación se presentara y terminara con mi pesar, deambule sola lentamente hasta que una librería se mostró. Sin titubear entre y me mantuve ahí cerca de una hora y treinta minutos buscando lo que en esos momentos me ayudaría a calmar mis deseos.

Recordé que de pequeña mis lugares favoritos para ir con mamá, era ir a comprar útiles escolares, con todos sus arcoíris en colores y formas, o entrar a las misteriosas librerías, quienes increíblemente guardan tantas aventuras en formatos tan pequeños.

Me dije, -sí, esto es lo que necesito- inspiración de otros mundos, épocas, vidas, historias.

Decidí comprar un libro de poesía y alguna novela, nada más. Termine saliendo con tres libros de poesía y una novela, -esa maquiavélica ansiedad-.

oscar hahn

Compre autores que son desconocidos para mí, la misión al comprar libros siempre es conocer lo desconocido y uno de los libros de poesía que me cautivo fue de Óscar Hahn, historias de fantasmas en poemas. Que cosa más llamativa y extraordinaria, que ingenio y creatividad.

Me emocione al verlo pues me gustan las historias de fantasmas y aún más la poesía. Así que veré que tal me va y si algo de Óscar Hahn me cautiva, lo escribiré para ustedes.

Salí de la librería con la billetera liviana, pero con un sentimiento de control y cordura, poco reales. Las mujeres tendemos a auto engañarnos y somos muy buenas manipulando, por lo que cuando lo hacemos con nosotras mismas, simplemente nos dejamos ir con la gran fantasía y no hay ningún problema.

Pienso que las personas y el comportamiento humano es muy interesantes y los libros lo comprueban.

Rayo Pizarro A.