Cuentos cortos de Rayo P.

Ella

Black bird

Me asechaba, de pequeño lo sabía. Sentía que vendría por mí estando a unos pasos de casa, y tomándome me arrastraría por los cielos seguramente para acabar con mi vida. Luego del colegio tenía que caminar por este oscuro pasaje siendo hostigado por el miedo, y como pequeña presa corría lo más rápido posible a casa. El miedo, éxtasis y euforia del momento, agudizaban mis sentidos haciendo que el mínimo ruido me indicara el ataque repentino de este ser.

Los años pasaron, me olvide de las ideas y fantasías infantiles, con los pensamientos y sensaciones que los viejos tienen, camine tranquilo por el mismo camino oscuro en la misma temporada donde usualmente me esperaba.

Una ventisca se avecinó contra mí, ella majestuosa bloqueo mi camino mirándome fuerte y pasiva a la vez; yo sí tenía miedo, pero la curiosidad sacó mis palabras -¿por qué llegaste tan tarde? -, detuvo mi respiración al erguir su gigante cabeza sobre mí, no venía a contestar preguntas -… ahora soy los restos de ese niño que te anhelaba, ahora estoy cansado y viejo, ya no quiero aventuras, ni sueños-. Ella impasible levantó lentamente sus alas en acción de despegue, yo sin pensarlo dos veces hice mi parte levantando los brazos a la altura de mis hombros, -no te vayas sola, ejecuta tu cometido, hazme soñar de nuevo-le dije.

Rayo Pizarro A.

El incidente

muerte

Mamá estaba poniendo la mesa, se asustó – avisa que estás ahí hijo, tan tétrico- suspiro -siéntate, vas tarde-. No sé cuánto llevaba ahí parado, pero mi cuerpo se estremecía, sentía unas palpitaciones que tomaban mi columna y la comprimían, mi boca estaba seca y recién volvía a llenar mis pulmones de aire… pienso que, voy a morir. ¿Cómo le digo? Me senté incomodo, -Mamá… – La mujer lo miró y se espantó -¿Diego?, ¿Diego que pasa? – el joven convulsionaba moviendo la silla de un lado para otro. La madre llorosa suelta las tazas y trata de alcanzarlo para contenerlo, pero en el instante en donde su mano toca la piel en llamas de su hijo, él desaparece, se desvaneció en el tiempo, como si nunca hubiera existido.

Rayo Pizarro A.

1,2,3 y 4

1,2,3 y4

El lugar es un viejo restaurante del centro, mucha gente… no me gusta la gente. Primero me dirijo al dueño y al administrador y los otros dos serán fáciles. Ingreso, le hago una señal a la mesera indicando el baño, avanzo, baño dama, baño varón, oficina… muy simple. Entro con un “hola”, saco mi pistola, apunto certera, 1 y 2 disparos, muertos en nada…  La casa está atrás, le pregunto por el número 3 a una niña que juega en la entrada, apuntando el salón, lo descubro, hombre joven, no entiende nada… ¡BANG!  Al salir el grito de la niña me molesta, la gente corre del local, las sirenas se acercan.  Bonnet, viejo famoso y sudoroso trata de encender su viejo Mustang, me apunta seguro de mi muerte, sin miedo, le sonrío mientras sus ojos se desorbitan y comienza a convulsionar, confirmado el 4°, eliminado por la querida July, mesera del local hace 20 años, mi madre hace mucho más.

Aquí no ha pasado nada audífonos a mis oídos, trabajo perfecto y buena paga…

Rayo Pizarro A.