Día: 12 febrero, 2016

Todas íbamos a ser reinas

Todas íbamos a ser reínas, de cuatro reinos sobre el mar: Rosalía con Efigenia, y Lucila con Soledad.

En el valle del Elqui, ceñido de cien montañas o de más, que como ofrendas o tributos, arden en rojo y azafrán. Lo decíamos embriagadas, y lo tuvimos por verdad, que seríamos todas reinas y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años, y batas claras de percal, persiguiendo tordos huidos en la sombra del higueral. De los cuatro reinos, decíamos, indudables como el Korán, que por grandes y por cabales alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían, por el tiempo de desposar, y eran reyes y cantadores como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos, ellos tendrían, sin faltar, mares verdes, mares de algas, y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos, árbol de leche, árbol de pan, el guayacán no cortaríamos ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas, y de verídico reinar; pero ninguna ha sido reina ni en Arauco ni en Copán.

Rosalía besó marino ya desposado en el mar, y al besador, en las Guaitecas, se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos y su sangre dejó en su pan, y sus ojos quedaron negros de no haber visto nunca el mar. En las viñas de Montegrande, con su puro seno candeal, mece los hijos de otras reinas y los suyos no mecerá.

Efigenia cruzó extranjero en las rutas, y sin hablar, le siguió, sin saberle nombre, porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río, a montaña y cañaveral, en las lunas de la locura recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos y en los salares su reinar, en los ríos ha visto esposos y su manto en la tempestad.

Pero en el Valle de Elqui, donde son cien montañas o son más, cantan las otras que vinieron y las que vienen cantarán:

<<En la tierra seremos reinas, y de verídico reinar, y siendo grandes nuestros reinos, llegaremos todas al mar>>

Gabriela Mistral.

 

Simple anécdota de una ansiosa

Ayer sentí ansiedad, tiendo a pensar que las mujeres la vivimos de manera más intensa que los hombres. Me refiero a esa ansiedad que te pide comer mucho y rápido, o esa que te hace ir y comprar un montón de ropa sin pensar mucho en el dinero que te faltará a fin de mes.
Aquella que simplemente te pide comprar o comer harto de varias cosas o de una sola, la misma en donde tu lógica deja de funcionar por unos minutos.

Pero teniendo muy cociente de que mi pesar era mi ansiedad, me dije -Rayo, ropa no la necesitas, así que ni siquiera entremos a mirar nada; comida, siendo la alegría de la vida podría ser, pero mi gula pecadora me haría comer hasta sentirme mal, tampoco es una opción.

Así que me dedique a caminar por el centro de las necesidades imaginarias, el “Mall”. Esperando a que la tentación se presentara y terminara con mi pesar, deambule sola lentamente hasta que una librería se mostró. Sin titubear entre y me mantuve ahí cerca de una hora y treinta minutos buscando lo que en esos momentos me ayudaría a calmar mis deseos.

Recordé que de pequeña mis lugares favoritos para ir con mamá, era ir a comprar útiles escolares, con todos sus arcoíris en colores y formas, o entrar a las misteriosas librerías, quienes increíblemente guardan tantas aventuras en formatos tan pequeños.

Me dije, -sí, esto es lo que necesito- inspiración de otros mundos, épocas, vidas, historias.

Decidí comprar un libro de poesía y alguna novela, nada más. Termine saliendo con tres libros de poesía y una novela, -esa maquiavélica ansiedad-.

oscar hahn

Compre autores que son desconocidos para mí, la misión al comprar libros siempre es conocer lo desconocido y uno de los libros de poesía que me cautivo fue de Óscar Hahn, historias de fantasmas en poemas. Que cosa más llamativa y extraordinaria, que ingenio y creatividad.

Me emocione al verlo pues me gustan las historias de fantasmas y aún más la poesía. Así que veré que tal me va y si algo de Óscar Hahn me cautiva, lo escribiré para ustedes.

Salí de la librería con la billetera liviana, pero con un sentimiento de control y cordura, poco reales. Las mujeres tendemos a auto engañarnos y somos muy buenas manipulando, por lo que cuando lo hacemos con nosotras mismas, simplemente nos dejamos ir con la gran fantasía y no hay ningún problema.

Pienso que las personas y el comportamiento humano es muy interesantes y los libros lo comprueban.

Rayo Pizarro A.