Mes: enero 2016

Ausencia

Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día. Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo, yo tendré que quebrarlas con mis manos. ¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges.

Vieja, simple y ligera

Quiero morir vieja, he decidido que quiero morir realmente anciana en una casa a las afueras de las grandes ciudades, en el claro campo, para volver a la tierra en toda la solemnidad de mi muerte.

Me gustaría haber podido mirar el mundo cambiar y ver como mis hijos se convierten en padres pagando pecados infantiles con otros infantes, me gustaría quejarme de todo y reírme de nada, no entender la vida social actual de ese entonces. Decir cada vez que escuche una buena nueva – … ah, los jóvenes de ahora, no son como los de antes- y que la hora del té sea durante todo el día, que mis pasatiempos sociales sean visitar mi jardín para charlar con mis jazmines y rosas y que mis pensamientos deambulen en lo que con el término de la energía uno va entendiendo, lo importante, lo que deberíamos valorar que a veces no se puede contar, que a veces no se puede ni ver.

Pero no quiero llegar a esos días sola, quiero que mi viejo hombre, compañero, este a mi lado. Que podamos mirarnos en silencio hundiéndonos en nosotros, yo pudiendo encontrar en sus ojos restos perdidos de tiempo, que delatan la pastosa vida que llevamos dentro, tantas historias dentro de dos cristales extensos, brillantes y apesadumbrados, así recordaría lo corta que es la vida, para advertirle a mis nietos que vivan felices cada segundo, para decirles que calmen sus penas con risas y que no se preocupen por las enfermedades, esas llegan de igual forma.

Quiero llegar a vieja para poner atención a como el sol quema mis desgastados brazos haciéndome sentir bella nuevamente, quiero poner vals y baladas de amor para recordar bellos tiempos mientras limpio los sueños nunca cumplidos, lo que ya no puede ser desarreglado. Quiero tomar la mano de mi viejo, esa mano grande que alguna vez fue fuerte y dormir así, templa, ligera y completa, esperando paciente el momento de mi partida, sonriendo por la historia cumplida, preocupándome enteramente por quién se ira primero y que pasará el otro en la espera.

Rayo Pizarro A.

Y no me digan nada

Y no me digan nada,
que uno puede matar perfectamente,
ya que, sudando tinta,
uno hace cuanto puede, no me digan…

Volveremos, señores, a vernos con manzanas;
tarde la criatura pasará,
la expresión de Aristóteles armada
de grandes corazones de madera,
la de Heráclito injerta en la de Marx,
la del suave sonando rudamente…
Es lo que bien narraba mi garganta:
uno puede matar perfectamente.

Señores,
caballeros, volveremos a vernos sin paquetes;
hasta entonces exijo, exijiré de mi flaqueza
el acento del día, que,
según veo, estuvo ya esperándome en mi lecho.
Y exijo del sombrero la infausta analogía del recuerdo,
ya que, a veces, asumo con éxito mi inmensidad llorada,
ya que, a veces, me ahogo en la voz de mi vecino
y padezco
contando en maíces los años,
cepillando mi ropa al son de un muerto
o sentado borracho en mi ataúd…

César Vallejo.

Poema de un indigena Kwakiutl

Corre fuego a través de mi cuerpo con el dolor de amarte, el dolor corre a través de mi cuerpo con el fuego de mi amor por ti. Dolor ardiendo a punto de estallar de mi amor por ti, consumido por el fuego de mi amor por ti, recuerdo lo que me dijiste y estoy pensando en tu amor por mi. Estoy desgarrado por tu amor para mí, dolor y más dolor, ¿a donde vas con mi amor?

Me han dicho que te vas de aquí. Me han dicho que me dejas aquí. Mi cuerpo está paralizado de dolor. Recuerda lo que te dije, mi amor. Adiós mi amor, adiós.

Anónimo (1896).

Poema 7

Inclinado en las tarde tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago.

Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes que olean como el mar a la orilla de un faro. Solo guardas tinieblas, hembra distante y mía, de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.

Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas que centellean como mi alma cuando te amo. Galopa la noche en su yegua sombría desparramando espigas azules sobre el campo.

20 Poemas de amor y una canción desesperada.

Pablo Neruda.

Ella

Black bird

Me asechaba, de pequeño lo sabía. Sentía que vendría por mí estando a unos pasos de casa, y tomándome me arrastraría por los cielos seguramente para acabar con mi vida. Luego del colegio tenía que caminar por este oscuro pasaje siendo hostigado por el miedo, y como pequeña presa corría lo más rápido posible a casa. El miedo, éxtasis y euforia del momento, agudizaban mis sentidos haciendo que el mínimo ruido me indicara el ataque repentino de este ser.

Los años pasaron, me olvide de las ideas y fantasías infantiles, con los pensamientos y sensaciones que los viejos tienen, camine tranquilo por el mismo camino oscuro en la misma temporada donde usualmente me esperaba.

Una ventisca se avecinó contra mí, ella majestuosa bloqueo mi camino mirándome fuerte y pasiva a la vez; yo sí tenía miedo, pero la curiosidad sacó mis palabras -¿por qué llegaste tan tarde? -, detuvo mi respiración al erguir su gigante cabeza sobre mí, no venía a contestar preguntas -… ahora soy los restos de ese niño que te anhelaba, ahora estoy cansado y viejo, ya no quiero aventuras, ni sueños-. Ella impasible levantó lentamente sus alas en acción de despegue, yo sin pensarlo dos veces hice mi parte levantando los brazos a la altura de mis hombros, -no te vayas sola, ejecuta tu cometido, hazme soñar de nuevo-le dije.

Rayo Pizarro A.

¿Cómo está tu alma?

No tengo hechos científicos que me avalen, pero me parece sentir el alma en acción cuando te enteras de una noticia devastadora y sientes ese apretón en el pecho que te causa gran dolor; o la sensación que te da cuando estás presenciando algo malo y te recorre un escalofrió en el cuerpo, remarcando que algo no anda bien; o cuando miras a alguien que no conoces pero a pesar de eso, se siente cómodo y seguro estar en su presencia. Quizás la conciencia sea lo que discierne entre nuestra alma y media con nuestros conocimientos y valores, quizás sea la razón de lograr la extraña conexión con los seres vivos que nos rodean.

Alma, es una palabra compleja en estos tiempos. Es extraño escucharla cuando no proviene de un contexto religioso.  Supongo que integrar la palabra a una oración exclamativa como… -mi alma esta tranquila-, en vez de “estoy tranquila”, es un tanto extravagante por así decirlo; pero quizás sea mucho más verdadero de lo que pensamos.

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Hace un tiempo fui muy cercana a una amiga, solíamos llamarnos “amigas del alma” nos comprendíamos más allá de las acciones y de las palabras, nos entendíamos en sentimientos. Notábamos que en distintas partes de nuestras historias individuales ambas habíamos sentido miedos estremecedores, dolores gigantes o alegrías puras, sabiendo que las palabras no lograban expresar correctamente los sentimientos, terminábamos nuestras charlas sobre esas sensaciones en silencio, con risa o llanto. La conclusión eufórica de nuestros afectos siempre la apaciguaba un rico té, que nos regresaba al plano más terrenal. Esas intensas conversaciones que muchas veces eran más dolorosas que placenteras, terminaron por sentar en mí, un crecimiento notable en mi manera de ver la vida y en la forma de posicionarme en ella, sane muchas heridas antiguas, termine con muchos prejuicios formados por el desconocimiento o el miedo y me sentí más completa, le atribuyo la riqueza de esa relación a la honestidad pura que nos brindamos y creo que esa puede ser la naturaleza del alma, la sinceridad.

Pero en la vida cotidiana la comunicación de esa forma no es normal, y no es simplemente que nosotros la evitemos, también es que, el ser así de abiertos debe ser con alguien que este igual de dispuesto a mostrarse y a confiar en el otro. Debido a esto, hoy mi atención fue cautivada por una chica de tan solo 18 años que me hablaba con una integridad sensitiva sobrecogedora, era sincera aunque algunas de mis preguntas le incomodaban y me respondía con una armonía compleja, me pareció muy joven para tener la sabiduría que se desprendían de sus palabras. Hace mucho que no me topaba con alguien que me despertará la curiosidad en este tipo de temática, ocasiones como esta me hacen recordar lo interesante que es la gente.

Sé que podría aprender y complementar nuevas visiones desde ella y además, volver hablar de mi alma con alguien sería como acariciar mi crecimiento recordando tiempos pasados. Oportunidades así no se desaprovechan.

No les gustaría ver como realmente se encuentran, iniciar el día preguntándote ¿cómo amaneció mi alma hoy? no es tan difícil, quizás descubramos varías cosas que van bien y varias otras que podemos mejorar. Pensándolo seriamente el ser sincero con uno mismo aveces cuesta mucho más que con el resto. Quizás porque duele más, avergüenza más, castiga más, pero por algún lado hay que comenzar a sanar.

Así que ¿Cómo va su alma?, ¿Que siente hoy, duele, esta en paz, se siente completa, siente preocupación? Esta noche yo espero que sus almas estén de lo mejor.

Rayo Pizarro A.

El incidente

muerte

Mamá estaba poniendo la mesa, se asustó – avisa que estás ahí hijo, tan tétrico- suspiro -siéntate, vas tarde-. No sé cuánto llevaba ahí parado, pero mi cuerpo se estremecía, sentía unas palpitaciones que tomaban mi columna y la comprimían, mi boca estaba seca y recién volvía a llenar mis pulmones de aire… pienso que, voy a morir. ¿Cómo le digo? Me senté incomodo, -Mamá… – La mujer lo miró y se espantó -¿Diego?, ¿Diego que pasa? – el joven convulsionaba moviendo la silla de un lado para otro. La madre llorosa suelta las tazas y trata de alcanzarlo para contenerlo, pero en el instante en donde su mano toca la piel en llamas de su hijo, él desaparece, se desvaneció en el tiempo, como si nunca hubiera existido.

Rayo Pizarro A.

1,2,3 y 4

1,2,3 y4

El lugar es un viejo restaurante del centro, mucha gente… no me gusta la gente. Primero me dirijo al dueño y al administrador y los otros dos serán fáciles. Ingreso, le hago una señal a la mesera indicando el baño, avanzo, baño dama, baño varón, oficina… muy simple. Entro con un “hola”, saco mi pistola, apunto certera, 1 y 2 disparos, muertos en nada…  La casa está atrás, le pregunto por el número 3 a una niña que juega en la entrada, apuntando el salón, lo descubro, hombre joven, no entiende nada… ¡BANG!  Al salir el grito de la niña me molesta, la gente corre del local, las sirenas se acercan.  Bonnet, viejo famoso y sudoroso trata de encender su viejo Mustang, me apunta seguro de mi muerte, sin miedo, le sonrío mientras sus ojos se desorbitan y comienza a convulsionar, confirmado el 4°, eliminado por la querida July, mesera del local hace 20 años, mi madre hace mucho más.

Aquí no ha pasado nada audífonos a mis oídos, trabajo perfecto y buena paga…

Rayo Pizarro A.

Siluetas

Siluetas

Yo estaba ahí, sentada en la penumbra la imagen en mi cabeza dominaba mi razón y sentido. El cuchillo en su pecho mil veces que le rompa hasta la última fibra de su carne, así me duele, así me duele.  Tu castigo es el dolor latente mientras respiras por ultima vez, mi castigo es tu muerte. Te amo, inocente traidor.

Rayo Pizarro A.